Muerde la muerte,
Pintare tu nombre
en el azul del cielo
con pinceladas rojas
de amor eterno;
que la nubes no tapén
el color intenso...
de esta pasión que yo siento
Rasga con furia los tejados de susto
felinos nocturnos,
con ganas de huir de un hambre
que acomete y adiestra mansedumbre.
Como el hombre necio a sus quejas
Y su sed,
las inunda en ríos de piedra.
Cabizbajo sigue,
escucha el silbido de lejos,
El hambre menoscaba, afanoso furia insólita,
Sed y hambre de venganza; los talla
De a uno, su ironía, la ira desvainada
En la angostura de dos músculos, intrínseco.
Y es así la arpía muerde la muerte,
De un amo moribundo,
Solitario a orillas de quien se pronuncia,
Como algún pariente u otro extraño
Quizás , en secreto
En las palmas de tus manos.